jueves, 19 de abril de 2007

ROSAS ROJAS (Cuento corto)

ROSAS ROJAS

En mi mano derecha un ramo de rosas, rosas rojas porque según Ana, una amiga mía, las rosas rojas son señal de aprecio, de cariño. En mi mano izquierda un cigarrillo, ese vicio de universitario que se hace mas intenso cuando estoy estresado o preocupado.

Estoy aquí, parado en una esquina de la calle de siempre esperándote, y mientras lo hago cruzan por mi mente recuerdos e imágenes. Como la primera vez que te vi y las razones por las que me enamoré de ti. Recuerdo como ese día en esta misma esquina desde lejos vi que te acercabas y vi como tu cabello semiondulado ondeaba sobre tus hombros a causa del viento, vi como tus ojos verdes brillaban como un par de reflectores que iluminaban toda la calle, vi tu rostro de facciones delicadas sin llegar a ser infantiles sino mas bien con un cierto toque pícaro que te hacia parecer un hibrido entre ángel y demonio, también vi tus pechos que se erguían hacia el cielo desafiando las teorías de Newton, esos pechos que sin ser muy grandes ni muy pequeños me hacían pensar cada vez mas en la perfección de tu figura. Pero no fue solo eso, recuerdo también tu olor, un olor cítrico, como a toronja, como a naranja, un olor que parecía emanar de ti. Y es tú eres así, ni muy seria, ni muy divertida, ni muy linda, ni tampoco muy fea, ni muy dulce, ni muy agria.

Recuerdo el color de tu piel, no era blanco como el marfil o como blancanieves, ni tampoco oscuro como el ébano, era más como tú, un punto medio, casi como el color del caramelo o del pan recién horneado.

Recuerdo como sudaba yo aquel día mientras esperaba que pasaras como lo hacías a diario. Sudaba, temblaba y casi me arrepiento de enfrentarme a ti y decirte cuanto me gustabas. Recuerdo que cuando pasaste frente a mi, te mire a los ojos, esos ojos verdes como esmeraldas, con vos temblorosa solo pude balbucear mi nombre y decirte que desde la primera vez que te había visto había querido conocerte. Recuerdo como si hubiera sido hace solo un momento, como sonreíste, esa sonrisa tan difícil de describir por que es que es difícil describir la perfección, me dijiste que te llamabas Victoria. Igual que la reina pensé y solo pude sonreír al pensar que justamente eso eras para mí, mí reina.

Después de ese día nos seguimos viendo y ahora estoy yo aquí esperándote, las rosas en una mano y el cigarrillo en la otra. Esperándote igual que esa primera vez, con la diferencia de que ahora te siento mía, mía y de nadie más.

Ya te veo venir y me parece estar viviendo una vez mas ese primer día. Creo estar viendo tu cabello ondear con el viento, tus ojos verdes iluminar la calle y me parece estar sintiendo tu aroma cítrico igual que aquella vez.

Me aferro fuertemente al ramo de rosas mientras tiro a un lado el cigarrillo aun por la mitad, bajo un momento la cabeza y cierro mis ojos, como para aclarar la mente, como para tener el valor de mirarte. Cuando levanto de nuevo mi cabeza estas ahí, justo en frente de mí. Una lágrima sale de mis ojos y cruza mi rostro mientras coloco el ramo de rosas sobre tu féretro, rosas rojas como símbolo de mi amor por ti, pero solo es una lágrima la que derramo porque a pesar de que para todos hayas muerto, para mí sigues aquí, porque no puedes irte hasta que yo te lo permita, por el simple hecho de que ya no eres tuya sino mía, para siempre mía y de nadie mas.

Escrito para Victoria, a quien voy a querer siempre.

TOMAS

3 comentarios:

Violet dijo...

=O impresionante...me agrada ese estilo tuyo...este cuento me encantó!!!

Carolina Londoño dijo...

De veras que hace sentir muuuuchas cosas ese cuento tuyo... Algo que no me imaginaba de vos y me tiene sorprendida =)

Yenny C@rolin@ dijo...

Tienes mucho talento para este cuento de escribir, se nota que te sale del corazón, manejas bien la redacción, y tenes bastante imaginación...y lo mejor, es que lo que escribes tiene la capacidad de llevarlo a uno como lector a esa atmosfera de la historia, super chevere, super encarretadora...!muy interesane...saluditos!!