viernes, 31 de octubre de 2008

VOLVER A VERTE

La siguiente vez que la vi ya no olía a toronjas, ya su piel no desprendía ese olor cítrico de la primera vez. No solo eso, su mirada antes tierna y angelical se había transformado y ya no era como antes. Su cabello negro, en cambio se veía igual, y su piel trigueña solo un poco más clara que la mía, se sentía también igual que siempre, cuando tocaba sus manos con las mías, cuando mis dedos se deslizaban por sus brazos, se sentía igual cuando con la yema de mis dedos recorría su rostro tratando de encontrar algo desconocido para mí en el.
Había cambiado, ya no era igual que antes, de eso me di cuenta cuando deslizaba mi nariz por su mejilla tratando de alcanzar su cuello. Si era eso, su olor, ya no era el mismo. Ya no me inspiraba esa ternura de antes que me hacia querer abrazarla y protegerla del mundo entero, sino que su piel emanaba un olor que me hacia querer tomarla para mi, abrazarla y fundirme con ella en un único ser. Olía a sudor mezclado con hormonas, olía a humo de cigarrillo, a licor, a menta, a cerveza, olía un poco a cama, a preservativo, a mesita de noche, a jabón chiquito, olía un poco, solo un poco, a sofá de bar, a silla trasera de taxi, a beso en la mejilla, a cuídate mucho, a hasta pronto y para este momento más que a cualquier otra cosa en el mundo, ella olía a mí.
TOMAS

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada vez que leo esta historia se me eriza la piel de tal forma que siento que lo dices con todo el corazón y el sentimiento.
Ojala sigas escibiendo me parecen muy interesantes tus historias.

Tomas Arango Ossaba dijo...

Muchas gracias por visitarme y por tu comentario. Cuidate mucho.

Diana dijo...

Que satisfacción se siente cuando alguien siente y quiere entregar todo a la protección de una persona hasta sentir que su propio olor esta en ella..que bonito escribes felicitaciones!